Todo el tiempo que me gustaría

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Últimamente tengo la sensación de que el tiempo pasa muy rápido, me dicen que es porque soy feliz,  y lo soy, pero a veces me gustaría que los días tuvieran algunas horas más.

A lo mejor es que me gusta hacer tantas cosas que es imposible materializarlas todas.

Y al final, mi pequeño rincón de Internet ha pagado las consecuencias de esta vida que no para y no espera.

Mi intención es retomarlo, pero supongo que publicaré de forma más espaciada en el tiempo.

Prometo volver porque tengo varias entradas muy interesantes en mente.

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Viviendo

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La vida pasa, se esfuma, se va en un suspiro y viene en otro.

Porque se convierte en efímera junto con el tiempo, que no se detiene y con el que luchamos para pausar, adelantar, sin querer darnos cuenta de que seguirá y nosotros con él.

Nunca sabes en qué instante de tu vida todo se frenará en seco, el mundo dejará de dar vueltas y lo que antes era cotidiano, se convierte en vital.

Porque huimos de la rutina, nos quejamos por ver las horas pasar, por no verlas pasar, pero cuando todo se detiene, queremos volver a abrazar nuestra vida.

Por eso hay que seguir adelante, mirar de frente a lo que venga y sobre todo, disfrutar cada segundo, cada suspiro, lo insignificante, esos detalles que son instantes, vivir intensamente a tu familia, a tus amigos, a quienes te rodean porque al final la vida es esto.

No quiero irme con la sensación de que no disfruté, de que no amé lo suficiente o no lo expresé cuando debía.

La vida es un sentimiento, un milagro en equilibrio, frágil y peligrosa, divertida a veces, dramática muchas otras, pero vivir es lo mejor que podemos con hacer con ella.

Y hasta aquí mi reflexión de viernes lluvioso

Disfrutar

Hace muy poco se fue alguien muy muy cercano, así de pronto. Se despertó, desayunó y se acabó. Tan fugaz que aún hoy me cuesta creer que ya no está.

Y sí, me cuesta decir que murió, prefiero decir que ya no está porque para mí su recuerdo sigue vivo.

Era una persona tan disfrutona, tan alegre, tan llena de vida que me resulta especialmente injusto lo que le pasó. Una mañana la mala suerte se cruzó en su camino y no pudimos ni despedirnos.

Por esta tragedia que viví y por cómo era, ahora siento más que nunca lo importante que es disfrutar, cada momento, cada día, cada segundo. No como una loca, como si no hubiera un mañana, pero sin dejarte frenar o pensar  eso de“bueno eso mejor lo dejo para otro momento”. Porque a lo mejor ese momento no llega.

La vida, sigue, no para.

Aunque para algunos se haya detenido para siempre, los que nos rodean se levantan cada mañana, continúan con su rutina y nosotros, aunque  llevemos esa pérdida dentro, aprendemos a vivir sin él, a mantener su recuerdo vivo y a brindarle las alegrías que derrochaba.

Por todo eso, hoy mis ganas de vivir son mayores, porque la vida es tan efímera que no nos damos cuenta.

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Porque la vida es esto;  lo que ves ahora, lo que sientes ,las sensaciones que experimentes, los momentos de ilusión, los viajes, una buena comida, estar en buena compañía, cerca de los tuyos.

Y nunca, nunca (eso lo he aprendido) te calles un te quiero.

Así al menos te queda el consuelo de que el que se va, sabía lo mucho que te importaba.

Por él brindo estos días de Feria porque sé todo lo que disfrutaba, siempre al compás.

 

(Foto: Pixabay)